sábado, 2 de junio de 2012

EL TRABAJO SOBRE EL CENTRO EMOCIONAL



EL TRABAJO SOBRE EL CENTRO EMOCIONAL

Esta semana, en una reunión que tuvo lugar en Londres, en la cual todos los grupos estaban presentes, se empezó nuevamente a impartir la enseñanza del Trabajo, y una de las principales ideas que desde el principio se subrayo fue la de que este sistema de enseñanza se funda en la idea de que EL HOMBRE FUE ESPECIALMENTE CREADO COMO UN EXPERIMENTO EN AUTO-EVOLUCIÓN.

El Trabajo dice que el Hombre fue creado como un organismo auto-desarrollante para distinguirlo de los animales.

Desde este punto de vista el Hombre es incompleto, como un edificio aun no terminado, y se dejo en sus manos el terminar su propio edificio, el completarse a sí mismo.

Por esa razón siempre existieron en el mundo ciertas enseñanzas que son llamadas "enseñanzas esotéricas".

Por ejemplo, la enseñanza que estamos estudiando es llamada a veces cristianismo esotérico.

No tiene nada que ver con el cristianismo exotérico.

En esa reunión los tres centros del Hombre fueron examinados y se dijo que en el Hombre el Centro Emocional estaba en muy mal estado.

Haremos algunos breves comentarios sobre ese particular al que tanta importancia da la enseñanza.

El Trabajo dice que debemos trabajar sobre nuestro Centro Emocional y purificarlo, limpiarlo, librarlo de las emociones innecesarias que nos mantienen dormidos y hacen de nosotros esclavos de la vida externa.

Tomemos a una persona que está siempre enfurruñada, que siempre frunce el ceño, que está siempre molesta, que es siempre difícil, de hecho, que es una peste.

En tal persona el Centro Emocional no trabaja correctamente y es necesario que ella, por medio de un prolongado adiestramiento y una observación técnica, llegue a percibir que ese trabajo equivocado del Centro Emocional existe en ella.

Ahora bien, una persona que está siempre encolerizada, furiosa, difícil, amiga de las disputas, y hasta venenosa, en este Trabajo tiene que darse cuenta que tal estado del Centro Emocional es incompatible con un auto-desarrollo cualquiera —esto es, dicha persona, sea hombre o mujer, tiene que darse cuenta que completarse en el sentido de esta enseñanza, evolucionar, desarrollarse, le será imposible mientras el Centro Emocional permanece en ese estado mecánico.

Lo desdichado es que dicha persona no percibe en absoluto el estado del Centro Emocional dentro de ella misma.

No ve su mal humor, su carácter difícil, su espíritu de crítica, sus antipatías, sus cóleras y así sucesivamente.

Por el contrario, se ha forjado UN RETRATO DE SI MISMA en que se ve como una persona agradable y encantadora.

Por lo tanto existe en ella UNA BRECHA, una brecha en su conciencia de sí.

Esa brecha solo puede ser llenada por una observación de si SINCERA Y CONSCIENTE llevada a cabo segun las instrucciones dadas en esta enseñanza y que se refieren a la observación de sí.

Todas las personas creen conocerse a sí mismas, pero no hay una persona que se conozca realmente.

Esta es una ilusión.

Por lo general los otros nos conocen mejor de lo que nosotros nos conocemos, pero, por otra parte, tampoco se conocen.

Por eso conviene tanto observar el estado de nuestro Centro Emocional y las desagradables manifestaciones que provienen mecánicamente de el.

El Trabajo enseña que el Centro Emocional es el mas maravilloso de los centros en nosotros, pero que al presente, en el estado de sueño en el que todos existimos, está inundado de emociones negativas, de auto-compasión, de auto-emociones, de estima de sí y de cientos de otras formas similares de emoción que nos impiden ponemos en contacto unos con otros y así impiden que comprendamos nuestras dificultades mutuas.

El Trabajo sobre el Centro Intelectual difiere del trabajo sobre el Centro Emocional, pero el Trabajo empieza con la observación de los tres centros principales en nosotros, y hemos de llegar a un punto en el cual nos demos cuenta mediante la observación de si del estado de los centros —esto es lo que ocurre en todo momento en el Centro Emocional.

Aquí tenemos a un hombre que no simpatiza con nadie, que se burla de la gente, que censura a los otros y todo el resto.

Tal hombre no sabe que esto se debe al estado de su Centro Emocional.

O bien un hombre solo se siente a si mismo creyéndose superior a la demás gente, pero no se da cuenta de ello.

El sentimiento emocional de superioridad siempre se funda en la auto-estima, en el amor de si, en el sentimiento de sí.

En tal caso el Centro Emocional no trabaja como debería, ni tampoco puede llenar a una persona con los sentimientos rectos que le otorgan la significación interior y de este modo la paz.

Por eso conviene observar el estado del propio Centro Emocional, observarlo en la acción —esto es, observar cómo reacciona mecánicamente contra los eventos externos y en particular contra la demás gente.

Esta es una importante tarea, que en rigor es una tarea-vida.

Este Trabajo es una tarea de toda la vida, y mediante su aplicación sufrimos gradualmente una transformacion interna que se debe al hecho de ser cada vez más conscientes de nuestros verdaderos lados, de lo que somos verdaderamente.

Esto DESTRUYE TODAS LAS ILUSIONES que sustentamos sobre nosotros mismos.

Cuando un hombre comienza verdaderamente a trabajar sobre sí mismo, cuando empieza a vislumbrar la profundidad de esta enseñanza, ya no puede ser más la misma clase de hombre, ni una mujer puede seguir siendo la misma clase de mujer.

Entonces comprende lo que significa para la gente nacer en esta Tierra como organismos auto-desarrollantes, y que cada cual tiene asignada una tarea especial' que debe ser seguida y cumplida con el fin de alcanzar esta compleción, este desarrollo final que es en rigor el significado de encontrarse en este imperfecto planeta.


La tarea de cada uno es diferente, pero 'una vez que el Trabajo es comprendido en sus líneas principales y una vez que su verdad es reconocida internamente, a cada cual se le muestra lo que debe ser trabajado.

Es preciso recordar que el Trabajo enseña que las emociones negativas son innecesarias, que complican continuamente la vida, que producen toda la desdicha que existe en las relaciones de unas personas con otras, y que asimismo enseña que es posible liberarse gradualmente de estas inútiles emociones negativas.

Una vez que una persona lo sabe y lo comprende y discierne su verdad interior ya posee en su mente un secreto de incalculable valor.

Ya no tiene que dudar mas, sean cuales fueren sus circunstancias, porque siempre sabrá lo que tiene que hacer en cualquier situación —esto es, no expresar emociones negativas, y luego, separarse de ellas, y finalmente librarse por completo de ellas.

Este Trabajo no nos enseña que no tenemos derecho a tener emociones negativas, porque sería demasiado difícil.


NOS ENSENA QUE TENEMOS DERECHO A NO TENER EMOCIONES NEGATIVAS.


Todas nuestras cuitas, todas las tragedias domesticas y lo demás, se deben principalmente a sustentar emociones negativas, a sentir que los demás están en deuda con nosotros.

Les pregunto —¿qué creen que les deben?

Examínenlo— y luego contémplense.

Cuando usted ve a que se asemeja, ¿puede creer en verdad que le deben algo?

Yo diría, no, por el contrario me doy cuenta que estoy en deuda con los otros.

En la Oración de Dios hay una frase que dice:

"Y perdónanos nuestras deudas como también nosotros perdonamos a nuestros deudores."

Esto es, mientras su vida se funda en imaginar que los otros están en deuda con usted, no irá a parte alguna.
 
Pero a medida que ve que nadie le debe nada y que siempre la culpa es suya —entonces sus deudas, espiritualmente, son perdonadas —.

Esto permite oír a los centros superiores y lo que nos dicen.

Pero si usted es un hombre dominado por la consideración interna, la auto-compasión, el sentimiento de que nunca se le ofreció oportunidad alguna, el sentimiento de que su típica situación de vida es excepcional, de que nadie comprende sus peculiares dificultades —luego proseguirá inundando el Centro Emocional con emociones negativas—.

En este caso no puede ejecutar su verdadera función y no puede darle una significación interior y la paz.

Maurice Nicoll

No hay comentarios:

Publicar un comentario